Manteca de Karité

El KARITÉ es un árbol de hasta 15 metros de altura de las sabanas arbóreas del oeste de África.

El nombre de Karité significa árbol de mantequilla. Este árbol puede vivir hasta 3 siglos y su diámetro puede medir 1 metro. Sus frutos de donde se obtiene la manteca que utilizó en las cremas se llaman drupas, son parecidas a las almendras pero con una cáscara fina.

La manteca de Karité se obtiene tras la ebullición de sus frutos para sacar la cáscara y su posterior triturado.

Su manteca es comestible en la cocina local y para mí es la reina de la hidratación.

La manteca de Karité la podemos encontrar pura o refinada, la diferencia está en su olor y color. La refinada no pierde sus propiedades sino ese olor característico que no es del gusto de todos y ese color amarillo-crema para convertirse en blanco.

La manteca de Karité es 50% materia grasa y 49% ácido oleico. Tiene una textura sólida en todas las épocas del año (a diferencia por ejemplo del aceite de coco) , cambia de estado sólido a líquido solo en bajas temperaturas (Baño María), para luego volver a su estado sólido de origen.

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Beneficios de la manteca de KARITÉ :

  1. HIDRATACIÓN: hidrata en profundidad la epidermis, permite a la piel ser más flexible y mantenerse sana.
  2. NUTRICIÓN: es rica en vitaminas A, D, E, y F, ideal para nutrir la epidermis .
  3. PROTECCIÓN: protege de los efectos del entorno: viento, sol, frío... y es recomendable tras la exposición solar como calmante en caso de quemaduras.
  4. REGENERACIÓN Y CICATRIZACIÓN: regenera y repara la piel gracias a su elevado contenido en vitaminas.
  5. ESTIMULACIÓN: estimula la producción de colágeno gracias a sus ácidos grasos.

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